EL LADO A Y EL LADO B DE LA EMPATÍA ¿CÓMO ACTUAR EFICAZMENTE?
- Ricardo Melo
- 12 jun
- 9 min de lectura

¿Viste la pelicula "La Vida es Bella" y quizas sufriste junto al padre mientras intentaba proteger a su hijo? Me acuerdo que fue de las primeras películas que sentí la sensación conocida de "no poder parar de llorar" la emoción me llevaba puesto y la mente racional me decia ¡para de llorar! y mas aun teniendo en cuenta que era adolescente y estaba con todos mis compañeros viendo la peli.
Bueno mas alla de este rescate emotivo personal, aunque sabés que es una película, tu cuerpo reacciona. El corazón se acelera. Los músculos se tensan. Y eso ocurre porque estás experimentando la empatía.
Pero ¿qué es exactamente la empatía? ¿Y cómo es posible sentir algo que le está pasando a otra persona?
Alert: ¿Todos somos así? No, esto un/a Narcisista o en su extensión extrema un/a Psicopata no lo entendería. Material para otro post, pero creeme que no son como los vemos en las películas, estamos rodeados de ellos sin darnos cuenta. Ahora bien sigamos.
¿Qué es la empatía?
La empatía es la capacidad de compartir los sentimientos de otras personas.
Es resonar emocionalmente con lo que otro está viviendo.
Si el otro está sufriendo, sentimos parte de ese sufrimiento. Pero también pasa con la alegría. Los cientificos hablan de la existencia de la alegría empática.
Cuando un amigo recibe una buena noticia, cuando un ser querido alcanza un objetivo importante o cuando alguien que queremos consigue algo que deseaba mucho, nosotros sentimos felicidad por esa persona, estamos experimentando empatía.
La empatía nos conecta tanto con el sufrimiento como con la felicidad de los demás.
Es uno de los grandes superpoderes humanos. Nos permite comprender. Conectar. Ayudar. Construir vínculos. Y crear comunidades, de hecho ¡nos inventamos profesiones para satisfacer la empatía! es algo muy humano muy intrínseco.
¿Qué es lo que pasa en nuestro cerebro?
La empatía no se aloja en una sola zona del cerebro. Participan diferentes regiones según lo que esté ocurriendo. Algunas intervienen cuando compartimos emocionalmente una experiencia. Otras cuando reflexionamos sobre lo que la otra persona está viviendo. Y otras cuando decidimos ayudar o cómo hacerlo.
Las principales zonas cerebrales involucradas en la empatía son:
Ínsula anterior (Anterior Insula) → participa en sentir y compartir emociones como dolor, tristeza, miedo o alegría.
Corteza cingulada anterior (Anterior Cingulate Cortex - ACC) → involucrada en el procesamiento del dolor físico y emocional.
Corteza prefrontal medial (Medial Prefrontal Cortex - mPFC) → ayuda a comprender los pensamientos, intenciones y estados mentales de otras personas.
Unión temporoparietal (Temporoparietal Junction - TPJ) → permite adoptar la perspectiva del otro y diferenciar entre lo que siento yo y lo que siente el otro.
Precúneo (Precuneus) → participa en la autoconciencia y en imaginar o representar la experiencia ajena.
Amígdala → interviene en el procesamiento emocional, especialmente ante situaciones de sufrimiento, miedo o amenaza.
Estas regiones forman una red que permite sentir, comprender y responder a las emociones de otras personas.
Los estudios de neuroimagen muestran algo muy interesante. Cuando vivimos una experiencia emocional y cuando observamos a otra persona vivir esa misma experiencia, se activan regiones cerebrales muy similares.
Por ejemplo, cuando vemos a alguien sufrir , nuestro cerebro activa circuitos parecidos a los que utilizaría si nosotros mismos estuviéramos sufriendo.
Es como si realizara una simulación interna. Los científicos llaman a esto actividad cerebral vicaria. La actividad cerebral vicaria es la capacidad del cerebro de "vivir indirectamente" la experiencia de otra persona. No sufrimos exactamente lo mismo que ella, pero nuestro cerebro genera una simulación que nos permite comprender y compartir parte de su estado emocional. Esta capacidad es uno de los fundamentos biológicos de la empatía. Por eso una historia puede hacernos llorar. Y por eso el sufrimiento de alguien cercano puede afectarnos profundamente.
La empatía como "pegamento social"
La empatía funciona como un pegamento social. Gracias a ella desarrollamos vínculos, construimos confianza, fortalecemos relaciones y aprendemos a convivir en comunidad. Gran parte de la cooperación humana depende de nuestra capacidad para reconocer y responder a las emociones de los demás. Sin empatía sería mucho más difícil sostener amistades, familias, equipos de trabajo y sociedades enteras.
El problema que pocas veces se menciona
La mayoría de las personas piensa en la empatía como una fuerza netamente positiva.
Y en parte tiene razón. Gracias a ella ayudamos. Acompañamos. Cuidamos. Sin embargo, la empatía también tiene limitaciones. Y algunas pueden ser peligrosas.
Nuestro cerebro favorece a "los nuestros"
Existe una fuerte tendencia a sentir más empatía por quienes percibimos como parte de nuestro grupo. Nuestra familia. Nuestros amigos. Nuestro equipo. Nuestra comunidad. Nuestro país. Nuestra religión. Nuestra ideología.
Las investigaciones muestran que reaccionamos mucho más intensamente frente al sufrimiento de quienes consideramos "de los nuestros" que frente al sufrimiento de quienes percibimos como "otros". Y este fenómeno no se limita a pequeños grupos. También aparece entre grupos étnicos, políticos, culturales, religiosos y nacionales.
Cuando la empatía nos lleva a tomar partido
Uno de los momentos "lado b" de la empatía es cuando tomamos partido en un conflicto. Lo interesante es que la empatía no desaparece. De hecho, sigue funcionando perfectamente. El problema es que funciona únicamente hacia una de las partes. Sentimos más profundamente el dolor de quienes consideramos que están de nuestro lado, pero dejamos de percibir con la misma intensidad el sufrimiento de quienes están enfrente. Esto puede llevarnos a justificar nuestras acciones y a considerar que cualquier respuesta contra el otro grupo es válida. Paradójicamente, la misma capacidad que nos ayuda a conectar con los demás puede transformarse en una herramienta que profundice divisiones y conflictos. La historia está llena de ejemplos: Colonialismo. Guerras. Genocidios. Terrorismo. Persecuciones religiosas.
En todos estos casos la empatía no desapareció. Sino que quedó concentrada en un solo grupo. Y cuando sólo vemos el sufrimiento de un lado, resulta más fácil justificar la violencia hacia el otro. Incluso algunas campañas de cancelación en redes sociales pueden apoyarse en este mismo mecanismo. La empatía deja de ser parte de la solución y se convierte en parte del problema.
Cuando la empatía se vuelve aun más peligrosa
La empatía en sí misma es saludable. Sin embargo, existe un punto donde puede volverse contraproducente. Ocurre cuando dejamos de distinguir claramente entre lo que siente el otro y lo que sentimos nosotros. La emoción ajena deja de ser ajena. Empieza a sentirse propia. Los científicos llaman a esto angustia empática o fatiga empática. En ese momento ya no estamos simplemente acompañando el dolor del otro. Estamos siendo arrastrados por él.
El caso de las profesiones de Acompañamiento
Pensemos en una enfermera de terapia intensiva. Durante años acompaña pacientes terminales y a sus familias. Siente profundamente el sufrimiento de cada uno.
Llega a su casa agotada. No puede desconectarse. Piensa constantemente en los pacientes. Pierde energía. Empieza a sentirse emocionalmente vacía.
Aparecen:
Irritabilidad.
Insomnio.
Estrés crónico.
Cansancio emocional.
Desgaste psicológico.
Tarde o temprano aparece el burnout.
Lo mismo ocurre con:
Coaches.
Psicólogos.
Terapeutas.
Médicos.
Docentes.
Trabajadores sociales.
Líderes de equipos.
Cuando una persona se lleva el sufrimiento de todos a su casa y siente que debe salvar a todos, la empatía se transforma en devoradora serial.
Cuando la empatía termina apagándose
Existe otro riesgo menos conocido. Cuando una persona esta durante mucho tiempo expuesta al sufrimiento ajeno sin contar con herramientas para regular sus emociones, puede comenzar a desarrollar una especie de anestesia emocional.
No es que deje de ser una buena persona. Simplemente se protege. Comienza a desconectarse. A evitar conversaciones difíciles. A distanciarse emocionalmente.
A veces ya no es el agotamiento lo que aparece primero, sino la indiferencia. Esta insensibilización puede convertirse en una barrera para ayudar precisamente porque la persona intenta protegerse de seguir sufriendo.
Es como si levantase el Muro de Pink Floyd en "The Wall" y se desconecte ladrillo por ladrillo de los demas, en una construccion silenciosa.
Entonces, ¿deberíamos ser menos empáticos?
La respuesta rotunda es no. Lo que necesitamos es aprender a transformar la empatía en algo diferente.
Ese algo se llama COMPASIÓN.
¿Qué es la compasión?
La compasión es una respuesta distinta al mismo sufrimiento ajeno. Mientras la empatía es "sentir lo que el otro siente", la compasión le agrega algo más.
Incluye:
Calidez humana.
Amor.
Interés genuino de ayudar.
Motivación para aliviar el sufrimiento.
La compasión surge de nuestros sistemas biológicos de cuidado, protección y conexión humana.
Tiene una naturaleza protectora. Y una característica que considero extraordinaria.
No genera agotamiento emocional de la misma manera que la angustia empática.
"Nadie se fatiga por amar demasiado."
No me refiero al amor posesivo o dependiente. Sino al estado de cuidado que caracteriza a la compasión.
Lo que ocurre en el cerebro cuando sentimos compasión
Los estudios muestran que empatía y compasión tampoco son exactamente lo mismo desde el punto de vista neurológico. Cuando observamos sufrimiento y resonamos emocionalmente con él, se activan redes cerebrales asociadas al dolor.
Es como si nuestro cerebro reprodujera parte de la experiencia de la otra persona.
Sin embargo, cuando pasamos de la empatía a la compasión ocurre algo diferente.
Comienzan a activarse redes vinculadas al:
Cuidado.
Amor.
Protección.
Conexión humana.
Bienestar del otro.
Las investigaciones lideradas por la neurocientífica Tania Singer, mostraron que al entrenar la compasión disminuye la activación predominante de las redes asociadas al dolor o sufrimiento y aumentan otras vinculadas al cuidado, la conexión y la motivación de ayudar.
Entre las regiones que muestran mayor participación en la compasión se encuentran:
Corteza orbitofrontal medial, relacionada con el cuidado, la valoración positiva de los vínculos y las conductas sociales.
Estriado ventral, asociado a la motivación, la recompensa y los sentimientos positivos derivados de ayudar a otros.
Septum y circuitos vinculados al apego, relacionados con la protección, el vínculo afectivo y las conductas de cuidado.
Corteza prefrontal medial, que contribuye a comprender las necesidades de los demás y orientar nuestras acciones hacia su bienestar.
Esta diferencia explica por qué la empatía puede conducir al agotamiento emocional mientras que la compasión suele asociarse con una mayor resiliencia mental al ayudar al otro.
La compasión se entrena
Los estudios tambien nos muestran que es posible fortalecer estas redes cerebrales mediante prácticas específicas. Gracias a la plasticidad cerebral, el cerebro puede modificarse con la práctica. Esto significa que profesionales, como Coaches Profesionales que trabajan diariamente con emociones ajenas pueden desarrollar mayor resiliencia emocional y proteger mejor su salud mental.
Ejercicios para entrenar la Compasión
1. Pasar del "yo" al "vos"
Cuando alguien te cuenta un problema observá qué aparece dentro tuyo.
Si surge: "Qué incómodo me siento." "Ojalá termine rápido."
Probablemente estés entrando en angustia empática.
En ese momento preguntate: "¿Qué necesita esta persona ahora?"
Automáticamente cambia el foco.
2. Respiración compasiva
Cuando escuches a alguien dolido, enfadado, o angustiado: Inhalá profundamente.
Reconocé internamente: "Esta persona está ....." Al exhalar pensá: "Que encuentre alivio." Repetí varias veces.
3. La visualización del ser querido
Pensá en alguien que amás profundamente.
Un hijo. Tu pareja. Un amigo. Incluso una mascota. Sentí el deseo natural de que esté bien. Luego trasladá esa misma energía hacia la otra persona.
Muchos profesionales sean lideres o profesionales del cuidado o la ayuda sin entrenamiento emocional creerán que para ayudar mejor deben cargar con el dolor de las personas. Pero eso no es ayudar mejor.
Eso es hundirse con ellas. La profesión emerge cuando somos capaces de permanecer presentes sin quedar atrapados. Cuando podemos acompañar sin absorber. Escuchar sin quebrarnos. Comprender sin perdernos.
La técnica del Rescatista Profesional
Los instructores de rescate enseñan que un rescatista que pierde el control emocional deja de ser un rescatista y se convierte en una segunda víctima. De hecho un lema de la guerra es "cuando un herido quiere ayudar a otro herido no lo esta ayudando, lo esta exponiendo"
Imaginemos a una persona que se está ahogando: está desesperada, asustada y luchando por mantenerse a flote. Si quien la observa se deja arrastrar completamente por esa desesperación, se lanzará al agua impulsivamente, va a entrar en pánico y perder la capacidad de actuar con eficacia. En ese caso, la persona que se ahoga puede aferrarse a él y ambos terminan hundiéndose. Esto sería una metáfora de la empatía desregulada : el sufrimiento del otro nos invade hasta el punto de impedirnos ayudar. De hecho la empatia ya la tuvo al estudiar rescate en un aula para luego tener las tecnicas a disposicion cuando llegue "ese momento".
La compasión es ese mismo salvavidas que también percibe el peligro, comprende el sufrimiento y desea ayudar, pero no se deja arrastrar por el pánico. Mantiene la calma, respira, evalúa la situación y aplica la técnica adecuada. Gracias a que conserva su estabilidad emocional puede acercarse a la persona, sostenerla y llevarla a un lugar seguro. No es que le importe menos lo que está ocurriendo; de hecho, le importa tanto que sabe que necesita mantenerse firme para poder ser útil. Lo mismo ocurre en el coaching, el liderazgo, la docencia o cualquier profesión que intevenga la relacion emocional con un otro. conectados y disponibles para ayudarlo a salir adelante. La empatía nos permite entrar en el mundo emocional del otro; la compasión nos permite acompañarlo sin perdernos dentro de él.
Gracias por leer hasta el final
¡Vamos por más!
Ricardo Melo
Certificado en AQ Adaptability Quotient® | LinkedIn Top Voice Latinoamérica 2024, 2025 y 2026 | ICF Young Global Leader 2022 | Miembro del Harvard Business Review Advisory Council | Director de Escuela Internacional Líder Coach Profesional® | Fundador de BuscaTuCoach.com® | Director de Coaching Inmobiliario® Consulting | Mentor Coach ICF | TEDx Speaker Trainer | Autor de Soy Coach, ¿Y Ahora Qué?® | ICF Brand Champion
📸 Instagram: @ricardomelocoach
🎥 YouTube: @RicardoMelo
🤳 TikTok: @ricardomelocoach



Exelente Richard!!!